El Movimiento Piquetero en Argentina
Propuesta de Candelaria Fernández (06/12/02)
PENT | Propuesta Joven es un programa de encuentros en el que participan jóvenes interesados en intercambiar ideas sobre temas cruciales para el desarrollo institucional, económico, político y social de la Argentina. Las reuniones comienzan con una breve exposición de un documento de trabajo, seguida por un debate abierto y pluralista.
"Algunas claves interpretativas para comprender el surgimiento y la consolidación del movimiento piquetero."
La Argentina de los últimos años ha experimentado el surgimiento de un sinfin de movimientos de protesta, algunos han cobrado gran relevancia, otros han quedado en la periferia del sistema y, otros, ganan cada vez más espacio en el juego político actual. Así, se observa una gran preocupación de parte de los analistas políticos por comprender el origen y accionar de estos grupos, en particular del movimiento piquetero.
Para comprender el surgimiento, el accionar y la evolución del movimiento piquetero argentino propongo algunas claves interpretativas, basadas tanto en la teoría de la acción colectiva como en el estudio de casos empíricos.
Propongo examinar los cambios recientes en la dinámica de la movilización colectiva; más específicamente el surgimiento del movimiento piquetero y el recurso a los cortes de ruta como forma alternativa de protesta. Para abordar este estudio comenzaremos por analizar el contexto económico y político dentro del cual fue ganando fuerza este nuevo fenómeno. Seguido a ello, expondremos dos casos que, por sus características, adquirieron gran notoriedad mediática y sentaron un importante precedente en la utilización del corte de rutas como nueva modalidad de protesta. Finalmente, analizaremos el contexto en que se gestó el primer corte nacional de rutas y que permitió a los desocupados conformar un movimiento de protesta de alcance nacional.
Durante la década del '90, la Argentina ha sido escenario de profundas transformaciones económicas que afectaron, particularmente, su estructura ocupacional. En efecto, luego de la crisis hiperinflacionaria de 1989 y de reiterados fracasos en la implementación de planes de estabilización, a comienzos de los años '90, el gobierno de Carlos Menem lanzó un programa de reformas estructurales. Con tales objetivos, se adoptó una estrategia basada en la austeridad fiscal, las privatizaciones y la liberalización del comercio , cuyos efectos - positivos y negativos - se hicieron rápidamente visibles.
Como consecuencia de la acelerada apertura comercial, y la consecuente necesidad de las empresas de ser cada vez más competitivas, se modificaron las normas que regulaban las condiciones de empleo y de trabajo. El proceso de racionalización microeconómica que iniciaron las empresas conllevó a un uso menos intensivo de la fuerza de trabajo, y numerosos trabajadores fueron expulsados del mercado laboral, engrosando las filas del desempleo junto con aquellos que habían sido despedidos de las antiguas compañías públicas, entonces privatizadas . De esta manera, la desocupación alcanzó niveles inéditos para nuestro país, superando ampliamente la media histórica de 5% (hacia 1995, rondaba el 18%) .
Ante tales circunstancias, no resulta sorprendente que el masivo aumento del desempleo modifique radicalmente la vida de los trabajadores. Particularmente, si tenemos en cuenta que los derechos y las políticas sociales en Argentina han sido tradicionalmente asociados al trabajo y, sobretodo, diseñados sobre la base de una economía de pleno empleo.
La inestabilidad del mercado laboral genera, incluso para quienes tienen empleo, un alto nivel de inseguridad respecto de la continuidad del mismo. Y sin duda, ello ha contribuido al debilitamiento del poder negociador de los sindicatos argentinos ; en efecto, ante el riesgo de perder sus puestos de trabajo, la movilización de los trabajadores se hace cada vez más difícil y menos efectiva como medio de ejercer presión.
En este línea, Sidney Tarrow señala que en épocas de auge económico y pleno empleo (o baja tasa de desempleo) hay mayores posibilidades de que se produzcan huelgas, en tanto se fortalece el poder de negociación de los sindicatos. La prosperidad económica aumenta la demanda de mano de obra por parte del empresariado, del mismo modo que los mercados laborales cerrados reducen la competencia por el empleo. Al tomar conciencia de esta situación, los trabajadores exigen aumentos salariales y mejores condiciones de trabajo .
Por el contrario, en momentos de recesión económica y (alto) desempleo disminuyen las posibilidades de movilización puesto que aumenta el costo de oportunidad de la movilización para los trabajadores - es decir, las posibilidades de perder sus puestos de trabajo -. Esto es precisamente lo que ha ocurrido en la Argentina de los '90: el aumento del desempleo ha provocado un declive de la acción sindical.
Visto desde una perspectiva más general, el declive de la acción sindical es el fruto de la combinación de una serie de factores económicos y políticos que, sumados al desempleo, han contribuido al debilitamiento de las fuentes tradicionales del poder de los sindicatos.
En el orden económico, las reformas neoliberales han implicado para el sindicalismo, una pérdida de poder en tres niveles. Los cambios ocurridos en el mercado de trabajo, que históricamente había gozado de una situación de pleno empleo, erosionaron las bases y recursos económicos de los sindicatos, reduciendo de esta manera su poder negociador. En segundo lugar, el recorte de los pagos obligatorios de los empleadores, así como la reforma del sistema de seguridad social (que abrió la competencia entre sindicatos y los fondos privados de pensión) destruyeron financieramente los aparatos sindicales. Por último, la flexibilización de los contratos individuales, la descentralización de las negociaciones colectivas, sumadas a un decreto que limitaba las huelgas en el sector público, modificaron el rol de los sindicatos como los interlocutores privilegiados entre el Estado y las empresas .
En lo que al factor político se refiere, éste debe entenderse desde un punto de vista interno y uno externo. Por una parte, el aspecto interno tiene que ver con la desarticulación de la unidad sindical y su consecuente debilidad para coordinar acciones colectivas, provocando la pérdida de capacidad de presión política de la movilización. En efecto, la separación de la CGT en dos confederaciones rivales (una alineada al gobierno y otra opositora), afectó fuertemente el poder negociador de los sindicatos y llevó al surgimiento de distintas estrategias sindicales para hacer frente a las reformas de mercado. En segundo lugar, el proceso de des-sindicalización llevado a cabo en el Partido Justicialista erosionó la influencia política de los sindicatos de aquel. Esta reforma implicó, entre otras cosas, el desmantelamiento del mecanismo que les garantizaba un tercio de las posiciones en la lista electoral del partido (lo cual representó un verdadero golpe a la hegemonía sindical en el peronismo) .
En tales circunstancias, los sindicatos argentinos se encontraban a la defensiva y ello generó dos tipos de actitudes. Por una parte, algunos sindicatos acordaron con el gobierno la obtención de beneficios a cambio de un cierto grado de apoyo y consenso a las reformas. Por otra, el sindicalismo en general adoptó una actitud corporativa: es decir, los sindicatos se preocupan sólo por los trabajadores ocupados.
Entonces, el declive del poder sindical ha venido acompañado por una disminución de la preocupación de los sindicatos por los desempleados. En consecuencia, los trabajadores expulsados del mercado de trabajo no cuentan con la provisión de una red de contención (ni por parte de los sindicatos, ni por parte del gobierno). Y es que la pérdida del empleo es seguida de la pérdida del acceso a los bienes y servicios que brindan los sindicatos (hoy en día, precarios pero beneficios al fin), y a la protección que ofrecen como institución.
Se ha conformado así una inmensa masa de desocupados desprovista de un mínimo de protección social y, además, desprovista de canales tradicionales para expresar sus reclamos. Más concretamente, los trabajadores desempleados quedaron a la deriva. No obstante, el hecho a destacar es que todo ello no ha significado la resignación a ese estado de cosas. Al contrario, a partir de mediados de los años '90 fue cobrando relevancia la movilización de los trabajadores desocupados, junto con sus peculiares formas de acción.
En el marco de los cambios operados en el mundo del trabajo, surge una nueva modalidad de protesta bajo la forma de cortes de rutas, ó piquetes, que consisten en obstaculizar el tráfico de vías de comunicación, particularmente en lugares estratégicos tales como la entrada y salida a centros urbanos, intersecciones de rutas provinciales y nacionales, etc. Así, los cortes de ruta se han convertido en la protesta de aquellos que quedaron fuera del sindicalismo, por haber sido expulsados del mundo del trabajo; es decir, por estar desempleados.
Norma Giarracca sostiene que estos movimientos de protesta se presentan como aquellas acciones que buscan hacer visibles "las limitaciones que emanan de ciertas instituciones" en su función de resolver los problemas de los individuos. Las instituciones relevantes en este caso son los sindicatos, por su postura defensiva y corporativa, y su consecuente deserción del campo de la resistencia a las reformas neoliberales. En este marco, ante la falta de respaldo y la ausencia de un medio institucional para vehiculizar sus demandas, los desempleados comenzaron a recurrir a formas alternativas de protesta, y de organización, para expresarlas.
Cabe señalar que, en décadas anteriores, los cortes de ruta ya habían sido empleados como forma de protesta por los trabajadores . Sin embargo, el recurso a los mismos a partir de mediados de los años '90, resulta novedoso por dos cuestiones. Primero, porque son protagonizados por un nuevo actor: los trabajadores desempleados. Y en segundo lugar, porque los cortes de ruta se convierten en el único recurso con el que dicho actor puede ejercer presión.
A continuación expondremos los cortes de ruta ocurridos en las localidades neuquinas de Cutral-Có y Plaza Huincul, siendo éste el caso que sentó precedentes y que precipitó la adopción de esta modalidad de protesta en diversas localidades del interior del país. También, presentaremos uno de los numerosos casos donde esta primera experiencia reivindicativa tuvo especial impacto, a saber los cortes de ruta en Tartagal y General Mosconi (provincia de Salta).
A su vez, explicaremos la expansión y consolidación del movimiento piquetero en el Gran Buenos Aires, haciendo especial referencia al partido de La Matanza, donde se gestaron el primer corte nacional de rutas y la primera asamblea nacional de piqueteros.
A la luz de estos casos, intentaremos demostrar que el movimiento piquetero logró superar el nivel local de las primeras protestas hasta convertirse en un actor capaz de coordinar acciones de alcance nacional. Y que ello fue posible gracias a la disposición de ciertos recursos y de una estructura organizativa, proveniente de una tradición obrera fuertemente arraigada en la cultura política de los trabajadores argentinos.
Candelaria Fernández
Candelaria Fernández tiene 24 años y se graduó en Ciencia Política en la Universidad Torcuato Di Tella con una tesis de grado sobre el Movimiento Piquetero. Actualmente trabaja en el Ministerio del Interior de la República Argentina.